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"et quasi flos rosarum in diebus vernis" (Sir. 50,8) 

 

 

 

LA COMPOSICION DEL PENTATEUCO - Estado actual de la investigación crítica

 


SANTIAGO AUSIN

 

1. De Wellhausen a la Historia de la Tradición.

2. Hipótesis de la redacción estratificada

3. Reacciones críticas a la hipótesis vellhausian

4. De Rendtorff a nuestros días


1 Un siglo ha pasado desde que J. Wellhausen formulara la hipótesis documentaria que tanta influencia habría de tener en la exégesis y comprensión del Pentateuco. Es verdad que nunca fue aceptada unánimemente y siempre hubo autores reticentes, pero ha sido en estos últimos quince años cuando han surgido las mayores discrepancias, hasta el punto de encontrar afirmaciones tan tajantes como que «la hipótesis documentaria puede defenderse si uno está dispuesto a suponer un redactor mucho más ingenioso y profundo que combinara J y P dentro de una unidad maravillosa y coherente»1. En esta nota no pretendemos tomar partido sobre la necesidad de aceptar la hipótesis documentaria, ni siquiera sobre su utilidad para la exégesis. Únicamente nos proponemos reflejar las posturas más relevantes y dar cuenta de los escritos publicados más recientemente.

 

1. De Wellhausen a la Historia de la Tradición.

A la perspicacia de Wellhausen se debe la descripción sencilla y unitaria de las fuentes del Pentateuco, así como su datación cronológica2.

Los seis primeros libros de la Biblia habrían sido compuestos a partir de cuatro documentos previos (Urkunden), denominados Yahvista, Elohista, Deuteronomista y Sacerdotal (Priesterkodex) y mencionados ordinariamente por las siglas JEDP. El J sería el más antiguo (siglos X-IX a.C.) y compuesto en el reino del Sur; el E, del s. VIII, habría sido redactado en el reino del Norte; el D en su forma definitiva sería del s. VI; y finalmente el documento P habría sido escrito inmediatamente después del destierro (s. VI-V). Alrededor del año 400 a.C un redactor habría compuesto los cuatro primeros libros (Gen, Ex, Ley y Num) tomando como base P e interpolando J y E que previamente se habrían fusionado (Yehovista: JE). Finalmente el documento D habría dado lugar al Deuteronomio y al libro de Josué, inseparable de los cinco primeros (Wellhausen habla ordinariamente del Hexateuco). Con esta historia de la composición parecían resueltos los problemas que planteaban la repetición de narraciones, las incoherencias dentro de los relatos, los distintos nombres de Dios utilizados, las divergencias de estilo y de lenguaje que se observan dentro de un mismo episodio, etc. A pesar de las diversas críticas y de las constantes modificaciones, la hipótesis wellhausiana fue imponiéndose hasta constituir un punto del partida clásico entre los intérpretes.

Una nueva orientación surgió con la denominada Historia de las Formas (Formgeschichtliche Schule). H.Gunkel, a partir del estudio del primer capítulo del Génesis 3, comprobó que, aun siendo su composición relativamente reciente, era deudor de un pasado, de una historia literaria anterior, v.gr. el sábado (institución muy antigua), los relatos de la creación conectados con los mitos babilónicos, etc. Se imponía, según él, descubrir dentro de cada documento wellhausiano las formas literarias previas, y establecer cuál había sido la historia de las mismas hasta quedar incorporadas en cada uno de los documentos clásicos. Más importante que el estudio de los documentos largos era la comprensión de las unidades literarias previas (relatos populares, poemas, leyendas, etc), procurando determinar la situación ambiental (Sitz im Leben) del Israel que dio lugar a cada una de ellas, los géneros literarios comunes a la literatura extrabíblica y la finalidad teológica última de cada unidad menor (Gattung)4.

Las intuiciones de Gerald von Rad dan origen a la Historia de lae Tradición (Traditiongeschichte) que modificó profundamente la hipótesis wellhausiana y cuyo autor más representativo es M.Noth 5. G. von Rad abandonó la investigación de las unidades menores que darían lugar a los hilos narrativos JEDP, y se centró en buscar el origen de las tradiciones que subyacen. En su opinión, las fiestas litúrgicas con sus formulaciones rituales y, sobre todo, las fórmulas de fe, han dado origen a las diversas tradiciones que fueron gradualmente incorporadas, hasta constituir la forma original del Pentateuco. Alguna reminiscencia de aquellas fórmulas de fe se nos ha conservado en el credo histórico de Dt 26,5-9 y 6,20-24. Las confesiones de fe en la intervención de Dios en la historia de Israel está en la base de los cuatro hilos narrativos del Pentateuco.

Martin Noth, en primer lugar, desligó de las fuentes clásicas la parte legislativa, atribuyendo a los escritos originales del Tetrateuco7 únicamente las narraciones; según él, las tradiciones épicas de la fuente P, que no eran sino recolección de relatos populares8, se combinaron con complejo de las tradiciones JE, dando origen al sustrato narrativo de composición de los libros. Salía así al paso de la dificultad de aislar con exactitud los hilos narrativos de los primeros libros de la Biblia, puesto que no existieron como documentos escritos, sino como tradiciones transmitidas oralmente. Pero tanto Noth como von Rad continuaron aceptando los presupuestos fundamentales de la hipótesis documentaria.

2. Hipótesis de la redacción estratificada

Ante los ataques que la hipótesis documentaria habría de recibir en las últimas dos décadas, especialmente por parte de Rendtorff, Van Seters, Schmid y Rose, han surgido una serie de trabajos que, aun admitiendo la necesidad de revisar sus presupuestos, están de acuerdo en continuar admitiéndola. El centro de atención es la fuente yahvista; los trabajos van encaminados a demostrar que al menos un primer estrato J es salomónico.

El primer autor en replantear la tesis de los complementos9 fue P. Weimar10 que, tras un análisis sintáctico y léxico de algunos textos importantes del Génesis, llega a la conclusión de que el Pentateuco ha sido redactado en doce etapas: la primera, presalomónica, contenía relatos sueltos (paraíso y pecado), ciclos narrativos (Abraham-Lot) y relatos de dimensión restrictiva (Ex 5-14). La segunda etapa, bajo Salomón y en un ambiente fiel al yahvismo pero crítico con su época, abarcaba la historia J con tres grandes secciones: la creación, los patriarcas y la historia del pueblo (Ex 1-5; 7-15; Ex 19-Num 14): la teología de esta etapa se centra en la tierra, prometida a Abraham y a Moisés, y concedida al pueblo. A la tercera etapa pertenece la obra del E, paralela y distinta de la anterior. La cuarta etapa es responsable de una nueva redacción de la historia de José. A la quinta se le asigna la primera redacción ininterrumpida de Gen 2 a Gen 24. La sexta y séptima etapa comprenden dos redacciones deuteronomísticas, exílica y postexílica respectivamente. La octava, novena y décima abarcan las tres redacciones del documento P (presacerdotal, Pg y Ps). A la undécima, hacia el año 400 a.C., corresponde la primera redacción del Pentateuco, llevada a cabo por un RP. Y finalmente la última redacción del Pentateuco se le asigna a la etapa duodécima II.

Desde 1977, año clave en la crisis de la hipótesis documentaria, Weimar ha venido publicando una serie de estudios sobre episodios concretos 12, manteniéndose en el convencimiento de que en el Pentateuco pueden descubrir diversas capas o estratos de redacción. En el último bajo que conocemos, analiza con detenimiento un texto perteneciera P, Gen 17 13, y hace hincapié en mostrar que contiene cuatro estrato redacción sacerdotal.

En 1980 el prof. de Salamanca, Félix García López brindó un magnífico y minucioso análisis de Gen 2413, en el que apoya la tesis de los complementos. En este relato que cierra el ciclo de Abraham, el estilo y la fraseología, según García López, reflejan las diversas capas redaccionales. Comparando cada uno de los complementos con otros textos bíblicos llega a la conclusión de que la cronología de los mismos es la siguiente: el texto primitivo sería «la obra yahvista» de la época de Salomón, primer grupo de adiciones está próximo a los círculos E.D. No tiene consistencia en sí mismo ni puede calificarse de documento independiente» El segundo grupo proviene también de los círculos deuteronomico-deuteronomísticos, pero teniendo como fuente de inspiración las trae nes yahvistas más que las elohistas. «El tercer grupo, en fin, se coloce entre los escritos exílicos y postexílicos, haciendo hincapié en algunos tos particulares, como son los matrimonios mixtos».

Como corrección de la hipótesis complementaria surge la de las relecturas sucesivas, según la cual no se trata de buscar diversos estratos en el Pentateuco, puesto que su formación se llevó a cabo no con adición de datos nuevos, sino a través de redacciones sucesivas. J.Vermeylen, de Bruselas, propuso su tesis en un buen trabajo sobre la formación del Pentateuco 15. En su opinión, el primer relato, yahvista, hay que situarlo en la época de Salomón; a partir de ese primer núcleo, la vida misma de Israel, la necesidad de dar respuesta a los problemas de cada momento o la acomodación del mensaje a nuevas circunstancias lo han enriquecido modelado y completado poco a poco; así se ha ido desarrollando vitalmente, como se desarrolla una planta al ritmo de las estaciones. En las diferentes etapas redaccionales es posible descubrir diversas preocupaciones teológicas: en el nivel J se encuentran los mismos problemas que en la historia de sucesión de David; en la etapa que puede denominarse E se refleja la visión del mundo de los profetas clásicos desde Amos hasta el destierro; las relecturas deuteronomistas tienen su paralelo en el pensamiento recogido en los libros Josué-Reyes y en los principales textos proféticos. La primera revisión sacerdotal podría estar emparentada con ciertas adiciones de los libros proféticos, y la segunda relectura sacerdotal contiene ideas desarrolladas por el Cronista.

En la misma linea había publicado en 1980 un análisis de Gen 316, en el que concluye que el núcleo de la narración es del J salomónico, pero los vv. 14.16.18a.19-21 pertenecen a la relectura deuteronomista, de tiempo del destierro y, finalmente, los vv. 15 y 18b hay que asignarlos a la última relectura postexílica.

Durante los últimos años continúan apareciendo trabajos puntuales sobre la historia de José 17 o sobre la vocación de Moisés 18, que apoyan con nuevos argumentos la hipótesis de la formación progresiva. Pero tanto la hipótesis de la redacción estratificada, como la de las sucesivas relecturas tienen como indiscutible la intuición wellhausiana, aunque las matizaciones llevadas a cabo hayan enriquecido los primitivos presupuestos. No faltan autores que rechazan con decisión todo ataque y se confiesan públicamente «wellhausianos convencidos»19. En los congresos organiza dos sobre la crítica del Pentateuco 20 siempre hay aportaciones valiosas de defensores acérrimos de la hipótesis documentaria.

 

3. Reacciones críticas a la hipótesis vellhausian

Nunca hubo, como ya hemos señalado, un consenso completo en aceptación de la hipótesis documentaria. En el ámbito católico las primeras reticencias surgieron ante los presupuestos filosóficos subyacentes21 pero también ante la falta de un conocimiento amplio del antiguo Medio Oriente: no puede considerarse la Biblia como un documento literario aislado, desconectado de otros testimonios contemporáneos, como se demostró con el descubrimiento del Código de Hammurabi y otros códigos legales muy relacionados com los textos normativos del Pentateuco 22.

También entre los autores no católicos ha habido siempre discordancias: Ya en 1924 VoIz y Rudolph llegaron a concluir que el E no puede considerarse una fuente independiente y completa. Asimismo P no es una fuente coherente y paralela a J, sino la revisión de un trabajo previamente existente 23. Poco antes, M.Löhr ponía en duda que elementos tan característicos de P, como las cronologías del Genesis, pertenecieran realmente a dicha fuente24. U.Cassuto, desde su primer trabajo en 193425, viene atacando los pilares de la hipótesis wellhausiana (los diferentes nombres divinos, los duplicados y repeticiones, las diferencias de estilo, etc) y llega a la conclusión de su fragilidad probatoria; son las tradiciones más antiguas y no los documentos escritos los que justifican la composición de la Torah 26.

La escuela escandinava de J. Pedersen (1931), A.Bentzen (1948), E.Engnell (1947)27 y, en parte, Mowinckel abría otra perspectiva. Acusaban a la hipótesis documentaria de libresca, al no tener en cuenta la idiosincrasia de los pueblos semitas antiguos, para quienes la tradición oral es el vehículo ordinario de la transmisión, con constantes acrecentamientos o depuraciones de datos hasta llegar a la redacción última de los libros. Las tradiciones, según esta escuela, nacen y se desarrollan en el culto (hieros logos las denomina Pedersen). En el proceso de transmisión oral van paulatinamente adquiriendo forma historizada. No llegan a ponerse por escrito hasta después del destierro, porque anteriormente la escritura o no se conocía, o no tenía importancia. Insisten una y otra vez en que no tiene sentido apoyarse en documentos escritos que probablemente nunca existieron28.

 

4. De Rendtorff a nuestros días

Pero el autor más influyente en la crítica de estos últimos quince años es R. Rendtorff que, a partir de 1975, marcaría una nueva etapa en la exégesis del Pentateuco. Ya antes que él, Winnet en un artículo con un título significativo 29, había asestado un duro golpe a la hipótesis documentaria. Según él, no fue el yahvista el primer narrador, sino que fue el E quien primero recogió las tradiciones antiguas sobre Abraham, Jacob y José. Más tarde, durante el destierro, el J habría hecho una revisión oficial de estos materiales, incorporando la historia de los orígenes, a partir especialmente de fuentes orales. P representa otra revisión oficial, llevada a cabo hacia el 400 a.C. Lo más significativo de esta hipótesis es suponer una antigua colección elohista de relatos independientes y postponer el J que, en su opinión y basándose en las relaciones estilísticas con el Deuteronomio 30, tuvo que ser exílico.

Rendtorff es mucho más crítico respecto a la hipótesis documentaria, al poner en tela de juicio la división de fuentes independientes y la estratificación de datos 31. Además de rechazar las bases en que se apoya, como había hecho Cassuto, plantea su teoría. En el Pentateuco, tal como nos ha llegado, se descubren cinco temas principales: la historia de los orígenes, la historia patriarcal32, el éxodo y Moisés, el Sinaí, y la conquista de la tierra. Cada uno de estos temas tenía su propia teología y eran inicialmente independientes; más tarde, se fueron enlazando unos a otros hasta formar una sucesión lógica de relatos. Esto se llevó a cabo mediante lo que denomina «unidades-puente» provenientes sobre todo del área deuteronomística y, a veces, también del área sacerdotal. No cabe buscar, por tanto, cuatro fuentes con su respectiva intencionalidad teológica. Cada relato independiente tenía la suya y los textos de unión son fundamentalmente deuteronomistas. No existió en absoluto un primer gran teólogo, el Yahvista, de época salomónica 33.

H.H.Schmid 34, profesor de Zurich, es otro de los promotores de la nueva tendencia. Compara los textos más importantes atribuidos a J con otros de origen preexílico, especialmente proféticos, y comprueba que los temas centrales de J difícilmente pueden considerarse anteriores. No se puede, por tanto, seguir hablando del yahvista salomónico; más bien presuponen la tradición profética anterior al exilio. Por otra parte, los análisis comparativos demuestran la relación entre J y la tradición deuteronomista. De donde concluye que J debe ser el resultado de un proceso redaccional continuo desde un grupo o escuela de un tiempo indeterminado hasta la redacción deuteronómica. La división en fuentes ayuda muy poco a entender el proceso de composición. Aunque Schmid sigue utilizando las siglas, no las entiende como documentos ni como tradiciones, sino como indicadoras de una corriente redaccional.

J.Van Seters 35, de Estados Unidos, apoya también con entusiasmo la nueva tendencia. En un estudio sobre el ciclo de Abraham 36 concluye que P no es una fuente independiente, sino que simplemente completa una tradición más antigua. Siguiendo la tesis de Rendtorff supone que el núcleo tradicional de Abraham era un relato independiente, existente ya con toda probabilidad en el segundo milenio; pero la llamada redacción yahvista no se lleva a cabo hasta el tiempo del destierro, muy conectada con los círculos deuteronomistas. Dicho más claramente, la primera redacción de una historia continuada es deuteronomista y abarca desde Dt a 2Reg 25; después viene la redacción coincidente con la denominada J, que no es sino una visión deuteronomista de las tradiciones más antiguas; abarca desde la creación a la conquista y está concebida como una introducción a la historia deuteronomista previamente redactada. Los textos sacerdotales no serían sino pequeñas añadiduras al relato ya existente.

En su último trabajo 37 da un paso más para justificar su hipótesis: Comparando algunos relatos de los orígenes, como los gigantes, el diluvio y la lista de las naciones, con el Catálogo de las mujeres de Hesiodo, descubre un cierto influjo de la historiografía griega en la redacción del Pentateuco. No cabe, por tanto, pensar un una fuente (J) antigua con el relato continuado desde Abraham hasta la posesión de la tierra, sino que un autor postexílico ordenó, según el modo de hacer historia en aquella época, los datos sueltos que desde antiguo se habían transmitido, muchas veces sin ninguna conexión entre sí.

Quizás no con tanta radicalidad el prof. de Neuchâtel, Martin Rose38, había defendido también que la primera redacción historiográfica no era yahvista, sino deuteronomista. En un trabajo reciente sobre el proceso redaccional del Pentateuco 39, supone que el pueblo de Israel toma conciencia de sí mismo en el destierro (s.VI) y necesita una justificación y comprensión de su propia historia. Un historiador de la escuela deuteronomista habría unificado todas las tradiciones antiguas con el criterio teológico de «obediencia/desobediencia a Dios»: se sirvió para ello de los datos que le brindaban las crónicas de palacio sobre la reciente monarquía (1-2Reg); el mismo autor completó la historia, alcanzando los años de David y Salomón (1-2 Sam) y llegando a la época de los jueces y de la conquista (Josue-Jueces). Pero como esta obra no tuvo el éxito esperado, porque no fueron muchos los exilados que se convirtieron, otro autor también deuteronomista (que identifica con el J clásico) habría compuesto el Pentateuco entero, esta vez con un criterio que el autor denomina «teología de la gracia divina». La redacción sacerdotal, posterior, habría equilibrado la balanza impregnando el relato con la que el autor llama «teología del culto»

Más recientemente R.N Whybray, prof. emérito de Hebreo y de Antiguo Testamento de la Universidad de Hull ha publicado un libro que pretende romper definitivamente con la hipótesis clásica de Wellhausen y hasta con los demás intentos de explicación 40. En la primera parte del trabajo (pp. 17-131) analiza y niega rotundamente la validez de los presupuestos en que se apoyaba Wellhausen (léxico, variaciones de estilo, dobletes y repeticiones, contradicciones, etc.); con frecuencia simplifica los datos de la hipótesis y se extiende en una crítica severa. La segunda parte aborda las corrientes exegéticas desde Gunkel a Rendtorff (pp. 131-217). También aquí Whybray se muestra contundente en su crítica: lo mismo que no hay razones para admitir «documentos» previos al Pentateuco definitivo, tampoco las hay para suponer «credos», «relatos culturales», «temas» o tradiciones transmitidas oralmente. Negada toda prehistoria literaria del Pentateuco, queda como única posibilidad la aceptación de un único autor, hipótesis que propone en la tercera parte del libro, que es la más breve (pp. 218-239). Inspirado en Van Seters, Whybray supone una gran influencia de los historiadores griegos: lo mismo que Herodoto utiliza todo tipo de técnicas literarias, con diversidad de estilos, repeticiones o contradicciones, y nadie duda de la unidad de autor de su obra, también el autor del Pentateuco escribió la historia de su pueblo, echando mano de múltiples recursos literarios, reflejados en la aparente variedad de léxico, de estilo o de relatos repetidos. No hay que buscar en el Pentateuco fuentes literarias anteriores, ni unidades previas, ni tradiciones ancestrales; si algunas existieron, no estaban relacionadas entre sí, ni tenían contenido teológico propio.

El autor, que se muestra ingenioso en la crítica a los intentos de explicación que le han precedido, es mucho más prudente, casi ingenuo al proponer su «intento de solución» (alternative aproach). Es sugerente la propuesta de un único autor del Pentateuco, pero no es convincente, mientras no se aborde en profundidad en qué medida el autor sagrado utiliza materiales y tradiciones antiguas, indudablemente existentes. Hoy por hoy no parece que esta propuesta vaya a tener un eco positivo 41.

La cuestión sigue abierta. Abundan los congresos y reuniones científicas sobre este tema. El año 1989 se publicó un libro conjunto 42 que recoge el ciclo de seminarios organizados por las Facultades teológicas suizas de Friburgo, Ginebra, Lausana y Neuchâtel durante el curso académico 1986-87. En la primera parte el propio De Pury, director de la edición, resume la historia de la investigación en este siglo. Más importante es la segunda parte en la que escriben sobre la formación del Pentateuco autores tan significativos como Rendtorff, Ska, Rose, Vermeylen y Seebas. La tercera parte está dedicada a las tradiciones dentro del Pentateuco con ponencias de Amsler, de Pury, Blum y Zenger. Cierran el libro dos ponencias de Crüseman y de H.H. Schmid sobre la teología del Pentateuco. El interés del libro estriba en que los autores exponen sus opiniones ya conocidas en un lenguaje menos académico que en un artículo formal.

El último número del Suplements to Vetus Testamentum 43 está dedicado a una serie de estudios sobre el Pentateuco. Ninguno aborda directamente la formación literaria del mismo, pero casi todos los trabajos la tienen en cuenta, si bien prácticamente todos apoyan la hipótesis clásica de los. documentos.

La panorámica expuesta podría dejar en el lector una impresión desilusionante como si los últimos cien años de estudio concienzudo hubieran sido inútiles y estuviéramos como al principio. Más bien al contrario. La efervescencia de trabajos sobre el Pentateuco a que estamos asistiendo es síntoma de buena salud científica. Parece claro que el excesivo pandeuteronomismo de la «nueva crítica» habrá de ser matizado, pero es un buen augurio los intentos de superar la excesiva atomización a que estaba llegando la hipótesis documentaria. Por otra parte, cada vez más, se percibe la urgencia de dejar en segundo plano la historia de la redacción para centrarse en el mensaje que el Pentateuco, como unidad literaria, aporta 44. Hoy se vislumbra la necesidad de una teología bíblica coherente, capaz de englobar las diversas lineas de pensamiento, reflejadas en los libros del AT, dentro de la unidad que constituye la Biblia.

 

Santiago Ausín
Facultad de Teología
Universidad de Navarra -
PAMPLONA

 


1. G. WENHAM, The Coherence of the Flood Narrative, VT 28(1978)336.

2. Die Komposition des Hexateuchs und der historischen Bücher des AT, Berlin

1889, reeditado en 1963. En este volumen recoge una serie de artículos publicados en 1886 y 1887. Antes que él habían puesto las bases de la hipótesis documentaria Astruc (1753), Eichhorn (1779), De Wette (1817), Hupfeld (1853); y sus contempo­ráneos Reuss (1879), Graf (1866) y Kuenen (1884). Para una visión más detallada de la historia de la crítica del Pentateuco cfr. O. EISSFELDT, Einleitung in das Al­te Testament, Tübingen 1964 (ed. italiana, Introduzione all Antico Testamento, Brescia 1980).

3. H. GUNKEL escribió primero su trabajo Schõpfung und Chaos in Urzeit und Endzeit, Berlin 1895, recogido después en su famoso comentario Genesis übersetzt und erklärt, Göttingen 1910 y 1917.

4. Discípulo de Gunkel fue H. Gressmann en cuanto al AT. Y seguidores de su hipótesis aplicada al NT son M. Dibelius, R. Bultmann, K.L. Shmidt, etc.

5. M. NOTH, Uberlieferungsgeschichte des Pentateuch, Stuttgart 1948.

6. G. VON RAD, Das formgeschichtliche Problem des Exateuch, Stuttgart 1938

7. M. Noth considera el Deuteronomio como preámbulo de la historia deuteronomista (Josué, jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes) y limita su análisis a los cuatro primeros libros de la Biblia. Según él, apenas hay restos de las fuentes antiguas (J,E,P) en el Deuteronomio.

8. Estos relatos se centran en cinco temas importantes: salida de Egipto, penetración en el país agrícola de Palestina, las promesas patriarcales, el paso del desierto, la revelación del Sinaí. Luego, se unen otros relatos como las plagas, la murmuración del pueblo, la conquista, etc.; más tarde, se añadirán otras narraciones secundarias, como las genealogías, los itinerarios, etc. Todos estos elementos combinados dan origen a los cuatro documentos del Pentateuco

9. Ya en el siglo pasado, frente a la hipótesis de los fragmentos de M.L. de Wette, surgió la que denominaron de los complementos. N.G.A. Ewald (1823), F. Bleek (1836) y F. Delitzsch (1880) parten de un único documento elohista, de tiempo de los jueces, al que se interpolaron, como complementos, trozos provenientes de otro documento posterior, el yahvista, e incluso de otros diferentes. La hipótesis que vamos a describir coincide en el nombre, pero el planteamiento es bien diferente.

10. P. WEIMAR, Untersuchungen zur Redaktionsgeschichte des Pentateuch, Berlin 1977.

11. Al recensionar la obra de Weimar, muchos autores consideran válida su intuición, aunque no llegan a una disección tan desmenuzada de los textos. Así, por citar uno de los más representativos, F. Langlamet, que ya había arremetido contra Tengström (cfr. RB 84 (1977) 286-290, contra Rendtorff (ibidem, 609-622) y contra Schmid (ibidem, 622-627), alaba a Weimar por integrar las observaciones acertadas de la exégesis clásica y las intuiciones más recientes.

12. P. WEIMAR, Die Berufung des Mose. Literaturwissenschaftliche Analyse Exodus 2,23-5,5, (OBO 32), Freiburg-Göttingen 1980; Das Goldene Kalb, en "Biblische Notizen" 38/39(1987)117-160, sobre Ex 32, en el que encuentra cuatro estratos redaccionales.

13. Gen 17 und die priesterschriftliche Abrahamgeschichte, ZAW 100(1988)22-60

14. F. GARCÍA LÓPEZ, Del «Yahvista» al «Deuteronomista». Estudio crítico de Génesis 24, RB 87(1980)242-273; 350-393; 514-559.

15. J. VERMEILEN, La formation du Pentateuque à la lumière de 1'e: historico-critique, RTL 12(1981)324-346.

16. J.VERMEYLEN, Le récit du Paradis et la Question des Origenes du Pentateuque, Bijdragen 41(1980)230-249.

17. H.C. SCHMITT, Die Hintergründe der «neuesten» Pentateuchkritik und der literarische Befund der Josephsgeschichte Gen 37-50, ZAW 97(1985)161-167; H.Seebass, The Joseph Story, Genesis 48 and the Canonical Process, JSOT 35 (1986)29-53. Este profesor de Mayance es más proclive a la hipótesis de los complementos

18. B. RENAUD, La figure prophétique de Mouse en Exode 3,1-4,17, rb 93(1986)510-544.

19. Uno de los más decididos defensores de la hipótesis documentaria es el profesor italiano Enzo Cortese. Cfr. Il Pentateuco oggi: la teoria documentria in crisi? en "La Scuola Cattolica" 111(1983)79-88. En este trabajo, admitiendo las diversas redacciones del mismo estrato J, sale al paso de la dificultad de los «silencios» y falta de referencias por parte de los profetas clásicos a la teología del J. Las sucesivas redacciones del J habrían introducido la orientación teológica que probablemente faltaba en la primera redacción. J.A. Emerton, por otra parte ha publicado muy recientemente un artículo enormemente crítico con los autores que no aceptan la hipótesis documentaria. Revisa las obras de U. Cassuto (1934), E. Nielsen (1954), F.I. Andersen (The Sentence in Biblical Hebrew, 1974), G.J. Wenham (The coherente of the flood narrative, VT 28(1978)336-348) y Y.T. Radday (Chiasmus in Hebrew Biblical Narrative, en Chiasmus in Antiquity, Hildesheim 1981). Centrándose en el relato del diluvio Emerson defiende con enorme énfasis la existencia de J y de P. Cfr. J.A. EMERTON, An Examination of Some Attempts to defende the Unity of the Flood Narrative in Genesis, VT 37(1987)401-420 y 38(1988) 1-21 Igualmente crítico se muestra en la recensión del libro de Whybray, en VT 39(1989)110-116.

20. El Pentateuco como Torah: historiografía y normativa religiosa en Israel antiguo ha sido el tema del VI Congreso Interdisciplinar sobre el Antiguo Testamento que tuvo lugar en Prato los días 1-13 de Septiembre de 1989. Allí se han reflejado en ocasiones con enorme vivacidad, las posturas encontradas sobre el problema. Cfr. la reseña completa hecha por G. Borgonovo en «La Scuola Cattolica» 117 (1989) 670-681.

21. Así muchos autores de finales del siglo pasado, como F. Vigoroux (1879) R. Cornely (1887), E. Mangenot (1907), etc. Cfr. J. PRADO, Últimos esbozos católicos sobre el Pentateuco, en Sefarad 15 (1955) 410-453.

22. Una exposición amplia de los trabajos entre los católicos de principios de siglo y la labor de la Pontificia Comisión Bíblica puede verse en el art. de H CAZELLES, Pentateuque, en DBS VII, 736-858, y la Introducción crítica al Antiguo Testamento (dir. H. CAZELLES), Barcelona 1981, t.II, pp. 152-163.

23. P. VOLZ, Grundsätzlicher zur elohistischen Frage. Untersuchung von Gene. 15-36, en P. VOLZ-RUDOLPH, Der Elohist als Erzähler. Ein Irrweg der Pentateuco kritik?, Giessen 1933.

24. M. LÖHR, Untersuchungen zum Hexateuchproblem I. Der Priesterkodex der Genesis Giessen 1924.

25. U. CASSUTO, La Questione della Genesi, Florencia 1934.

26. Véase la crítica a las obras de Cassuto llevada a cabo por J.A. EMERTON, An Examination of Some Attempts to defende the Unity of the Flood Narrative in Genesis, VT 37(1987)401-420.

27. Es el más representativo e influyente de la escuela escandinava. Distingue dos grandes tradiciones: la primera estaría recogida en la redacción de los cuatro primeros libros (Gen-Ex-Num-Lev); la segunda se integraría en el grupo Dt-Ios­Iudc-Sam-Reg. Su obra más importante es Gamla Testamentet. En Traditionshistorisk Inledning, I, Upsala-Stockholm 1945.

28. Las hipótesis de la escuela escandinava son un fuerte correctivo a la documentaria, pero exageran: la arqueología ha demostrado la existencia e importancia de la escritura desde muy antiguo. El culto, por otra parte, era fundamental en la vida de Israel, pero no basta; la historia es fuente principal de las tradiciones y de los relatos bíblicos.

29. F.V. WINNETW, Re-examining the Foundation, JBL 84 (1965) 1-19.

30. J.G. VINCK asigna la misma época para P: The Date and the Origin of the Priestly Code, en "Oudtestamentliche Studiën" 15 (1969) 1-44.

31. R. RENDTORFF, Das überlieferungsgeschichtliche Problem des Pentateuch, Berlin-New York 1977. Aunque parte de la hipótesis de M. North, pronto se aparta radicalmente de ella.

32. E. Blum, uno de los discípulos de Rendtorff dedicó un amplio trabajo a las tradiciones patriarcales: Die Komposition der Vätergeschichte, Neukirchen 1984.

33. En el mismo año de 1975 nació la prestigiosa revista Journal for the Study of the Old Testament (JSOT), que además de recoger el trabajo de Rendtorff en inglés -Pentateuchal Studies on the Move, JSOT 3(1977) 43-45-, dio cabida a los opositores de la hipótesis documentaria, como Van Seters, Whybray, Wagner, Coats, Schmid, etc. Rendtorff ya había expuesto su postura en Der «Jahwist» als Theologe? Zum Dilemma der Pentateuchkritik, en el Congreso de la IOSOT tenido en Edimburbo en 1974; cfr. Congress Volume Edimburgh, Leiden 1975, pp.158-166.

34. H.H. SCHMIDS, Der sogenannte Jahwist: Beobachtungen und Fragen zur Pentateuchforschung, Zürich 1976; Auf der Suche nach nenen perspektiven für die Pentatuchforschung, en Congress Volume Vienna, Leiden 1981, pp. 375-394.

35. J. VAN SETERS, The Jahwist as Theologian? A Response, JSOT 3(1977)15-19; In Search of History. Historiography in the Ancient Word and the Origins of Biblical History, New Haven-London 1983.

36. J. VAN SETERS, Abraham in History and Tradition, New Haven-London 1975.

37. J. VAN SETERS, The Primeval Histories of Greece and Israel compared, ZAW 18(1988)1-22. De muy diversa manera opina R.S.Hess, The Genealogies of Genesis 1-11 and Comparative Literature, en "Biblica" 70(1989)241-254.

38. M. ROSE, Deuteronomist und Jahwist. Untersuchungen zu den Berührungspunkten beider Literaturwerke, Zurich 1981. 39. M. ROSE, La croissance du corpus historiographique de la Bible. Une proposition, en "Revue de Théologie et de Philosophie" 118(1986)217-236.

40. R.N. VHIBRAY, The making of the Pentateuch. A Methodological Study, Sheffield 1987.

41. Las recensiones publicadas hasta ahora son casi todas reticentes en aceptar la hipótesis de Whybray, por ejemplo, J. LUST en ETL 63(1987)385-386; F. LAN GLAMET en RB 95(1988)444-447; H.C. SCHMITT en ZAW 100(1988)156; J.L. SKA en "Biblica" 69(1988)271-272; J. BLENKINSOPP en CBQ 51(1989)138-139. Pero es especialmente crítico A. FANULI, que dedica una amplia nota en la que subraya la debilidad de la hipótesis de Whybray, «giaché si tratta solo di un tentativo». Cfr. A proposito di un libro sulla composizione del Pentateuco, "Rivista Biblica" 37(1989)469-485. Y también J.A. EMERTON, que termina su reseña con estas palabras: «I enjoyed reading it. But attempt to refute the Documentary Hypothesis is not convincing». Cfr. VT 39(1989)110-116.

42. A. DE PURY (ed.), Le Pentateuque en Question, Genève 1989.

43. J.A. EMERTON, (ed.) Studies in the Pentateuch, Leiden 1990. Contiene trece trabajos breves sobre temas puntuales. Resulta llamativo que únicamente el artículo de T.D. ALEXANDER (The Hagar traditions in Genesis XVI and XXII se desliga tímidamente de la hipótesis clásica.

44. Son interesantes a este respecto dos artículos muy recientes de R. REND TORFF, Between Historical Criticism and Holistic Interpretation: New Trends in Old Testament Exegesis, ponencia pronunciada en el congreso de la IOSOT en Jerusalén (1986), Cfr. Congress Volume Jerusalem 1986, Leiden 1988, pp. 298-303. Y el ultimo, «Covenant» as a structuring concept in Genesis and Exodus, JBL 108(1989)385-393. En el primero resume las tendencias más recientes de aproximación a la lectura diacrónica y sincrónica del AT. En el segundo hace una recensión crítica profunda de dos libros sobre Teología del Antiguo Testamento: R. CLEMENS, Old Testament Theology. A Fresh Aproach, Londres 1978, y B.S. CHILDS, Oíd Testament Theology in a Canonical Context, Philadelphia 1985.

 

In SCRIPTA THEOLOGICA 23 (1991/1) 171-183